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Otaru, Hokkaidō

Luces nocturnas de Otaru desde el Mirador de Kenashiyama La ciudad dibuja la bahía y un pequeño panjū

El Mirador de Kenashiyama, junto a la Ruta Nacional 393, ofrece vistas de la ciudad de Otaru y de la bahía de Ishikari. Yo fui a finales del verano, después de la puesta del sol, cuando aún quedaba algo de luz en el cielo. Fui comiendo poco a poco el panjū que había comprado en Otaru y esperé a que las luces de la ciudad se extendieran a lo largo de la costa.

Junto al coche, mientras se encienden más luces en la ciudad. Debajo de la foto sigue el relato de mi viaje por aquí.

Tras la puesta del sol, una mujer come un pequeño dulce horneado junto a un descapotable rojo en el aparcamiento contiguo al Mirador de Kenashiyama, con las luces de Otaru y la bahía de Ishikari a su espalda.

VeranoDespués de la puesta de sol, a finales del verano

Junto al coche, mientras se encienden más luces en la ciudad

Incluso después de ponerse el sol, el cielo aún conservaba un poco de luz. Aparqué en el Mirador de Kenashiyama, bajé del coche y vi abajo, en Otaru, puntos de luz que empezaban a encenderse. Más allá de la ciudad estaba la bahía de Ishikari. Había venido pensando en el mar de día, pero a esa hora me llamaba más la atención la silueta de la ciudad que la inmensidad del agua. Me entraron ganas de seguir las luces con la mirada para averiguar hasta dónde llegaba la costa.

Me acerqué a la barandilla de madera del mirador y me quedé un rato en silencio. Las luces de los edificios se mezclaban con las que bordeaban las calles, y también se veían pequeños puntos luminosos a lo lejos. Hace un rato estaba conduciendo por esas calles y ahora tenía la ciudad a mis pies. Pensar que volvería a recorrerla al bajar me hizo sentir que no contemplaba una ciudad nocturna desconocida, sino la misma ciudad por la que había pasado ese día, vista desde arriba.

Volví junto al coche y abrí el paquetito de papel del panjū que había comprado en Otaru. Es un dulce pequeño y redondeado, relleno de anko, una pasta dulce de judías rojas, bajo una fina capa de masa. Al morderlo, después de la masa me invadió el dulzor del relleno. Era tan pequeño que parecía que me lo acabaría enseguida, pero quería contemplar la noche y disfrutar del sabor. Como masticaba más despacio que de costumbre, me encontré otra vez mirando la ciudad con el dulce en la mano.

Según una teoría, el nombre panjū combina las palabras pan y manjū. Cuando lo oí por primera vez, imaginaba algo más parecido al pan. Pero el dulce de verdad me cabía en la palma de la mano y era más mono de lo que esperaba. El pequeño dulce que había comprado en Otaru se convirtió en un bocado muy especial al comerlo frente a aquel paisaje nocturno.

A medida que el cielo se oscurecía, las luces de la ciudad se definían con más claridad. Otaru se extendía encajada entre el perfil de las montañas y el mar, y el paisaje parecía tener más profundidad que antes. Me pregunté si por aquella zona habría pasado durante el día. Sin subir al coche, me quedé mirando un ratito más. Aunque el viento me rozaba el pelo, no quería apartar la vista.

Al terminar el último bocado, el paquete de papel se quedó vacío y ligero en mi mano. Me había dicho que volvería cuando terminara el dulce, pero me daba pena apartarme de las luces que tenía delante. Guardé el envoltorio, recorrí con la mirada la bahía hasta el otro extremo y, por fin, abrí la puerta. En la carretera de bajada a la ciudad miré al frente y sujeté el volante. Volver entre aquellas luces se convirtió en uno de los placeres del camino.

Los relatos son obras de ficción inspiradas en este lugar. Para obtener información precisa, consulta los sitios oficiales de turismo y de información.

Imágenes de este lugar1 imágenes

  • Otaru, Hokkaidō · Verano

Algo rico para probar durante el viaje

Panjū de Otaru

Un dulce de Otaru con una capa fina de masa horneada y mucho relleno de anko. Lo compré en Otaru y me lo llevé al mirador. Mientras saboreaba su dulzor sin prisa y contemplaba la vista nocturna, me dio pena acabarme un dulce tan pequeño.

Qué ver

La forma de la bahía dibujada por las luces

Desde el Mirador de Kenashiyama se contemplan la ciudad de Otaru y la bahía de Ishikari. De noche, las luces de la ciudad destacan sobre el mar oscuro. Yo empecé a esperar cuando aún quedaba luz en el cielo y me quedé absorta viendo cómo las luces se definían poco a poco.

Un panjū comprado en Otaru

El panjū de Otaru es un dulce horneado de masa fina y relleno de anko, con forma de semiesfera o de campana. Según una teoría, su nombre combina pan y manjū. Yo lo compré en Otaru para comerlo mientras contemplaba la noche. Bocado a bocado, hasta la espera se me hizo más entretenida.

Datos de la ruta

Ruta Nacional 393

Desde la ciudad de Otaru hasta el Mirador de Kenashiyama. Bajé del coche y miré la bahía; al llegar arriba me encontré con un paisaje así y se me escapó un suspiro.

Al volver a la ciudad, bajé entre las luces que acababa de contemplar. Aunque recorrí la misma carretera que a la ida, el camino de regreso se sintió distinto.