Hokuto, Hokkaido
Paseo otoñal hasta la entrada del Monasterio Trapense Una cuesta cubierta de hojas y aroma a galletas
El Monasterio Trapense, fundado en 1896 (año 29 de la era Meiji), fue el primer monasterio de monjes católicos de Japón. Puedes pasear por una avenida de cedros y álamos y contemplar el edificio antes de llegar a la puerta. Una mañana de octubre recorrí la cuesta con un abrigo lila claro. También puedes probar los dulces de la tienda.
En la cuesta otoñal, una galleta. Bajo la foto sigue mi historia de aquel viaje.
OtoñoUna mañana de mediados de octubre
Una galleta en la cuesta otoñal
Mientras caminaba por la avenida arbolada hacia el Monasterio Trapense, oí las hojas rozarse con el viento. Era una mañana de octubre; llevaba un abrigo lila claro y el paquetito de galletas que había comprado en la tienda. Comprar algo dulce antes de empezar hace que el paseo me apetezca todavía más. Pensé que quizá me comería una antes siquiera de mirar la puerta, pero primero me tomé mi tiempo para caminar entre los árboles.
Al llegar frente a la entrada, el camino empezaba a subir y una barandilla estrecha recorría el centro de la cuesta. Al fondo se veía pequeña la puerta de ladrillo. La mirada iba subiendo sola desde las hojas caídas hasta la puerta. Aunque había llegado en coche hasta un punto cercano, a medida que avanzaba a pie me fijaba cada vez más en los sonidos de alrededor. El ambiente ya era muy distinto al del trayecto en coche.
Me paré a un lado de la cuesta y saqué una galleta del paquete de papel. Al darle un mordisco, noté el dulzor y el aroma a mantequilla. Estaba tan rica que me apetecía coger otra enseguida, pero primero miré la que tenía en la mano y saboreé un poquito más. Cuando comes algo en un sitio así, caminando, hasta un bocado de siempre se convierte en algo especial.
Al levantar la vista, la misma puerta seguía allí, al otro lado del camino cubierto de hojas. No había cambiado nada y, aun así, después de comer la galleta yo sentía que todo iba más despacio. Me acomodé el puño del abrigo y esta vez también miré los árboles a ambos lados. Si hubiera pensado solo en llegar deprisa a la puerta, quizá habría pasado de largo sin fijarme en la forma de las ramas ni en el sonido de las hojas.
El monasterio se fundó en 1896. Al saber que aquel lugar que conocía por sus dulces tenía una historia tan larga, me entraron ganas de volver a mirar el edificio. Me contaron que tanto las galletas como la mantequilla fermentada las elaboran los monjes. Al pensar que el bocado que acababa de saborear formaba parte de la historia del lugar, me descubrí sujetando el paquete con más cuidado.
¿Me como otra o guardo las que quedan para cuando vuelva? Me lo pensé un rato mientras miraba la puerta y al final decidí llevarme el recuerdo de la galleta que había probado allí. Cerré el paquete y empecé a bajar la cuesta despacio. Cuando lo abra en casa, ¿me acordaré también del viento rozándome el abrigo y de la puerta al otro lado de la barandilla? Me guardé el paquete con cuidado, como si también pudiera llevarme a casa un poco más de aquel paseo de otoño.
Los relatos son obras de ficción inspiradas en este lugar. Para obtener información precisa, consulta los sitios oficiales de turismo y de información.
Sabores para probar durante el viaje
Galletas trapenses
Son dulces elaborados por los monjes y se venden en la tienda del monasterio. Yo le di un mordisco a una galleta del paquete de papel y luego contemplé la puerta, al otro lado de la cuesta. Cuando el dulce y el paisaje pasan a formar parte del mismo recuerdo, hasta las galletas que guardo para comer en casa me hacen ilusión.
Mantequilla trapense
En la tienda también venden mantequilla fermentada. Después de disfrutar del aroma de las galletas, me entraron ganas de probar también en casa los sabores de aquí. Con pan para desayunar, será como prolongar el paseo otoñal.
Qué ver
Un monasterio con historia desde 1896
El Monasterio Trapense, fundado en 1896 (año 29 de la era Meiji), fue el primer monasterio de monjes católicos de Japón. Yo lo conocía por el nombre de sus dulces, pero al pensar en su historia frente a la puerta me entraron ganas de contemplar el edificio con calma.
De la avenida arbolada hasta la entrada
Puedes disfrutar de la avenida de cedros y álamos y de los senderos de los alrededores. Yo me detuve en la cuesta frente a la puerta. Hasta el sonido de mis pasos sobre las hojas caídas se me quedó grabado junto con el paisaje otoñal.
Datos de la ruta
Ruta al Monasterio Trapense
La ruta te lleva hasta el monasterio, en Mitsuishi, ciudad de Hokuto. Deja el coche y recorre a pie la avenida arbolada para contemplar el edificio desde antes de llegar a la puerta. Yo disfruté de una galleta en la cuesta otoñal.
También merece la pena reservar un rato del viaje para caminar por la avenida después de dejar el coche. Yo pensaba que solo iba a ver la puerta, pero las hojas caídas y su sonido me hicieron parar una y otra vez.
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