Zona termal de Naruko, en Osaki (Miyagi)
Garganta de Naruko El puente Ōfukazawa y el profundo valle, desde el mirador
Desde el enlace de Furukawa, se tarda alrededor de una hora por la Ruta Nacional 47; desde el pueblo de Naruko Onsen, unos 10 minutos en coche. Desde el mirador del Naruko Gorge Rest House contemplé el puente Ōfukazawa y el valle, de unos 100 m de profundidad. En primavera caminé bajo las hojas nuevas hasta el puente Kaiko; en verano recorrí el sendero junto al arroyo; y en otoño disfruté del follaje con un dango de castaña. En cada estación hice una parada durante un viaje con una noche en Naruko Onsen.
Hacia mayo, hojas nuevas; en julio, el valle verde; y de finales de octubre a principios de noviembre, follaje otoñal. Lee el relato del día que más te apetezca en las pestañas de primavera, verano y otoño. En primavera hice fotos, en verano recorrí el sendero y en otoño contemplé el puente mientras disfrutaba de un dango de castaña.
PrimaveraHojas nuevas hacia mayo, en una mañana despejada
El puente y el valle, en una foto apaisada
En mayo salí de viaje para pasar una noche en Naruko Onsen y ver la garganta de Naruko cubierta de hojas nuevas. El día anterior había salido de Ariake por la autopista rumbo al norte y, desde el enlace de Furukawa, había seguido la Ruta Nacional 47 hacia Yamagata. Mientras me daba un baño en el alojamiento, no dejaba de pensar desde dónde fotografiaría el puente al día siguiente. A la mañana siguiente, conduje unos 10 minutos desde el alojamiento y aparqué en el aparcamiento del lado de Nakayamadaira. Era tan amplio que cabían 253 coches. Al bajar, me llegó el olor de las hojas nuevas.
Una mañana despejada fui al mirador del Naruko Gorge Rest House. Quería ver las hojas nuevas y el puente Ōfukazawa. En cuanto distinguí el arco entre las copas de los árboles, ya tenía el teléfono en la mano. Hoy quería fotografiar una vista del puente distinta a la de la temporada otoñal. Primero me fijé bien en el puente y luego bajé la mirada. Entre las hojas asomaba la pared rocosa, y los árboles se extendían hasta el fondo del valle. Al abarcarlo todo con la vista, el paisaje me pareció mucho más grande que cuando miraba solo el puente.
Al apoyar las manos en la barandilla del mirador, todavía se notaba el frío de la mañana. El viento que subía desde el valle estaba un poco más fresco que el del aparcamiento, y el aroma de las hojas era más intenso. Vi un coche cruzar el arco y me di cuenta otra vez de algo obvio: aquel puente también era una carretera.
Puse el teléfono en horizontal y saqué una foto en la que también entrara la pared rocosa bajo el puente. La manga del cárdigan verde menta que llevaba sobre la camisa blanca y el top rosa me quedaba algo arrugada en la muñeca. Creo que recordaré más tiempo aquel arco por el que pasó el coche que la foto que acababa de hacer.
Cuando terminé de hacer fotos, probé a caminar desde la entrada de Nakayamadaira hasta el puente Kaiko. Hay unos 350 m de ida hasta el puente y se vuelve por el mismo camino. Al caminar, miré hacia arriba: las hojas jóvenes se extendían sobre mi cabeza y la luz se colaba entre ellas. Hace un momento contemplaba el valle desde arriba; ahora estaba dentro. Al rato empecé a oír el río: mis oídos se adelantaron y me avisaron de que corría agua por el fondo del valle. Me detuve en el puente Kaiko, escuché cómo el agua se abría paso entre las rocas y luego volví por donde había venido.
De regreso del puente Kaiko, me puse a comparar hoja por hoja: unas eran redondas, otras dentadas y otras tenían forma de palma. Desde el mirador, todas me habían parecido un mismo verdor primaveral, pero de cerca eran totalmente distintas. Ahora me pregunto cómo cambiarán de color estos árboles cuando llegue el otoño.
Antes de volver al aparcamiento, abrí la foto y la amplié para comprobar si se distinguían las formas de las hojas. En la foto tomada desde el mirador, todas parecían una única mancha verde. Entendí que solo quien se acerca caminando puede apreciar las diferencias y puse rumbo a Ariake. Antes de subir al coche, hice un pequeño dibujo de tres formas de hojas en mi cuaderno de viaje: unas redondas, otras dentadas y otras con forma de palma.
VeranoUna tarde despejada de julio
Entre el canto de las cigarras, rumbo al arroyo por el sendero de Ōfukazawa
En julio me fui de viaje a Naruko Onsen y pasé allí una noche. Salí de Ariake rumbo al norte y, desde el enlace de Furukawa, seguí por la Ruta Nacional 47. Parecía que me daba tiempo a recorrer el sendero antes de llegar al alojamiento, así que decidí parar en la garganta de Naruko una tarde despejada y aparqué en el lado de Nakayamadaira. Hoy llevaba un minivestido de punto acanalado, sin mangas y rosa pálido. Desde el mirador, entre los árboles se veía el arco del puente Ōfukazawa.
Al apoyar las manos en la barandilla del mirador, noté que el sol había templado un poco la madera. Me quedé quieta y empecé a oír las cigarras. El verde se extendía desde las hojas que tenía delante hasta las montañas del fondo, con un valle profundo en medio. A diferencia de la primavera, cuando estaba tan concentrada en fotografiar el puente, hoy había venido con ganas de algo más que contemplarlo: quería caminar entre los árboles.
El sendero de Ōfukazawa empieza junto al Naruko Gorge Rest House y forma un circuito de 2,2 km. Por lo visto, en verano se puede pasear junto a un arroyo de aguas claras. Bajé por el camino a la sombra de los árboles; aquel verde que había contemplado desde el mirador ahora se extendía por encima de mi cabeza. El sonido del agua se acercaba y, en cuanto vi la corriente, sentí que el calor se disipaba de golpe.
En el camino de tierra del sendero asomaban raíces aquí y allá, así que bajé con cuidado, fijándome dónde ponía los pies a cada paso. El canto de las cigarras se mezclaba con el sonido del agua; allí abajo, todo me llegaba mucho más cerca que desde el mirador. Caminé encogiendo un poco el cuerpo para que el bajo del vestido no rozara las ramas. Al cruzarme con una pareja que subía, nos cedimos el paso y me dijeron: «Abajo hace fresco».
A mitad del sendero, la luz del sol se reflejaba en las rocas junto a la corriente. Al acercarme al agua, pude ver hasta las piedrecitas del fondo en las zonas poco profundas. Desde el mirador no imaginaba que bajo aquellos árboles corría un arroyo tan bonito. El aire junto al agua era fresco y me iba refrescando los brazos sudados. La vista desde el mirador y la de junto al arroyo eran tan distintas que no pude evitar detenerme una y otra vez.
De vuelta, tocaba subir y ya notaba la espalda sudada. Elegí los tramos a la sombra para descansar y fui subiendo despacio. Cuando regresé al mirador, miré atrás: el camino por el que había venido ya estaba oculto bajo los árboles. Pensar que acababa de recorrerlo me hizo sentir un poquito orgullosa.
Al llegar arriba, bebí un sorbo de agua. Con la botella en una mano, me asomé al valle mientras enroscaba el tapón con la otra: las copas se mecían con el viento y me acordé del sonido del agua que había oído allá abajo.
Guardé la botella en el bolso y volví al aparcamiento. Pasaría la noche en Naruko Onsen. Después de sudar durante la caminata, tenía más ganas que de costumbre de darme un baño caliente. Al subir al coche, primero consulté en el mapa cómo llegar al alojamiento. Luego seguí con el dedo el sendero que había recorrido, buscando más o menos dónde estaría ese tramo fresco del que me había hablado la pareja.
OtoñoDe finales de octubre a principios de noviembre
Un cuenco en las manos y el puente al fondo del follaje
Mi amiga de ruta y yo viajamos a Naruko Onsen para pasar una noche y ver la garganta cubierta de hojas otoñales. Salí de Ariake hacia el norte detrás del cupé amarillo de mi amiga. Al atardecer del día de llegada, nos bañamos en las aguas termales. A la mañana siguiente compramos dango de castaña en el pueblo de Naruko Onsen y, tras unos 10 minutos en coche, llegamos a la garganta. En el pueblo había varias tiendas que los vendían, como Mochidokoro Fukase, Saijō Kashihō, Narumi Kankō Store y Bashōan, y me costó muchísimo decidir dónde comprarlos. Como es un dulce que hay que comer el mismo día, me lo traje nada más comprarlo.
Una mañana despejada de finales de octubre, desde el mirador vi el arco del puente Ōfukazawa entre los árboles del valle. Me senté con el abrigo color camel puesto y primero acomodé el cuenco que tenía en las manos. Asomé la mano por el puño del jersey lila y puse un dango en la cuchara de madera. La salsa espesa, de sabor a soja, se le pegaba y estaba a punto de gotear; deprisa, la devolví al cuenco. Al darle un bocado, encontré una castaña dentro de la masa tierna de arroz. «¡Esta salsa y la castaña combinan genial!», le dije a mi amiga, que se rio.
Antes del siguiente bocado levanté la vista y vi el puente blanquecino que asomaba detrás del follaje. Al desplazar la mirada desde la zona bajo el puente hacia el fondo del valle, distinguí la pared rocosa entre los árboles. A diferencia de una merienda mientras se contemplan las flores, aquí resulta fascinante recorrer con la mirada el paisaje desde lejos hasta el fondo del valle.
Por lo visto, la garganta de Naruko es un desfiladero de unos 100 m de profundidad, excavado por el río Ōya. Hasta entonces solo me había fijado en los árboles que tenía delante, sin pensar en lo hondo que era el valle. Bajé la mano con la cuchara hasta la rodilla y recorrí con la mirada el puente, la pared rocosa y la cresta de arriba.
Se cuenta que el dango de castaña se creó en una tienda de mochi fundada hacia finales de la era Meiji, como acompañamiento para el té de quienes iban a tomar las aguas. Al pensar que era un bocado para quienes venían a descansar en las aguas termales, sentí que nos venía de maravilla a mi amiga y a mí, después de haber ido a los baños la noche anterior.
En la garganta de Naruko crecen cerezos, árboles de la laca, hayas, robles y arces de distintas variedades. El follaje otoñal no tiene un solo tono: los colores se mezclan y varían de un árbol a otro. Recordé las diferentes formas de las hojas que había visto en primavera y dejé la cuchara para buscar qué había sido de las hojas redondas y dentadas.
Mientras mi amiga hacía fotos del paisaje, yo tomé otro bocado de dango de castaña. Ella apuntaba el teléfono primero al puente y luego al valle, y repetía las fotos una y otra vez. El abrigo me cubría un poco los calcetines blancos por encima de las rodillas, y sentada así estaba de lo más cómoda.
Cuando mi amiga me enseñó la foto en la que sostenía el cuenco, detrás de mí se veían juntos el puente y las hojas otoñales. Guardé el cuenco vacío y dejé que el cupé de mi amiga saliera primero; luego la seguí hacia el pueblo termal. Antes de salir habíamos decidido parar en otra tienda para probar también sus dango de castaña y compararlos.
Los relatos son obras de ficción inspiradas en este lugar. Para obtener información precisa, consulta los sitios oficiales de turismo y de información.
Imágenes de este lugar3 imágenes
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Zona termal de Naruko, en Osaki (Miyagi) · Primavera
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Zona termal de Naruko, en Osaki (Miyagi) · Otoño
Especialidad local para este viaje
Dango de castaña de Naruko Onsen
Un dulce típico de Naruko: una bolita de masa de arroz tierna con una castaña grande en el interior, bañada en una salsa espesa de sabor a soja. Para acompañar una visita otoñal y contemplar las hojas, elegiría este bocado dulce.
Qué ver
El puente Ōfukazawa detrás del follaje otoñal
Desde el mirador del Naruko Gorge Rest House se ve el puente de arco sobre la garganta. En primavera hice una foto solo del puente, pero el valle no cabía en el encuadre, así que lo amplié para incluir también la pared rocosa.
Una garganta de rocas y árboles
El río Ōya ha excavado un valle de unos 100 m de profundidad. Me encantó recorrer con la mirada las hojas cercanas, la pared rocosa y la cresta del otro lado.
Datos del recorrido y del lugar
Garganta de Naruko: mirador del Naruko Gorge Rest House
- Distancia desde la estación Nakayamadaira Onsen
- Unos 2,0 km
- Profundidad de la garganta
- Unos 100 m
La distancia indicada desde la estación Nakayamadaira Onsen es de 2,0 km y la garganta tiene unos 100 m de profundidad. Me apetece combinar las vistas del valle con una escapada por la zona termal.
La distancia entre la estación y la garganta es de unos 2,0 km, y la profundidad del valle, de unos 100 m. Combina un dulce del pueblo termal con una parada para contemplar las hojas otoñales.
Otros lugares para visitar en coche
Si te gustó este artículo, quizá también te apetezca conocer estos lugares. A todos he vuelto varias veces, en distintas épocas del año.
Mapas y fuentes de referencia
Fuentes oficiales consultadas
- Miyagi Marugoto Tanbō | Garganta de Naruko (se abre en una pestaña nueva)
- Asociación de Turismo de Nakayamadaira Onsen | Lugares de interés (se abre en una pestaña nueva)
- Miyagi Marugoto Tanbō | Dango de castaña (se abre en una pestaña nueva)
- Ayuntamiento de Osaki | Garganta de Naruko (se abre en una pestaña nueva)
- Asociación de Turismo de Naruko Onsen | Yunoka info (se abre en una pestaña nueva)