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Municipio de Yahiko, prefectura de Niigata

Un recorrido por Yahiko Skyline Panda-yaki blanco al pie del monte y un atardecer con vistas al mar del Japón

En otoño, al subir en coche por Yahiko Skyline, desde cerca de la cima se divisan el mar del Japón y Sado. Yo subí una tarde de noviembre con el panda-yaki blanco que había comprado al pie del monte y me quedé mirando la luz del atardecer sobre el mar.

A principios de noviembre, al pie del monte Yahiko, elegí un panda-yaki blanco y subí con él por la montaña. Mientras lo probaba, contemplé la luz del atardecer que se extendía sobre el mar del Japón.

En un mirador del lado del mar del monte Yahiko, la protagonista come un panda-yaki blanco, vestida con una trenca color crema y una bufanda de cuadros. Al fondo, más allá de la barandilla de madera y de los prismáticos, se extienden el mar del Japón y la silueta de la isla de Sado.

OtoñoUna tarde de principios de noviembre

Al abrir el envoltorio, apareció ante mí el mar del Japón

Una tarde de principios de noviembre subí en coche por Yahiko Skyline. En las curvas mantuve la vista al frente y las dos manos en el volante hasta llegar al aparcamiento cerca de la cima. Apagué el motor y caminé hacia el lado del mar: al otro lado de la barandilla de madera se abría el mar del Japón.

En cuanto miré al mar desde arriba, se me cortó la respiración: la vista llegaba mucho más lejos de lo que imaginaba. Cerca del horizonte, la silueta de Sado se extendía, mientras la luz del atardecer iluminaba el agua más cercana. Había subido a la montaña y, aun así, tenía todo ese mar frente a mí. Menos mal que me detuve.

Saqué del envoltorio un panda-yaki blanco que había comprado en Bunsuidō Kashihō, al pie del monte, y le di un bocado. La masa hecha con harina de arroz tenía una textura tierna y elástica, y el relleno era de edamame. Ese relleno se prepara con Yahiko Musume, una variedad local de edamame, según me contaron. Al morderlo, me llegó todo el aroma del edamame y me entraron ganas de darle otro bocado.

Cuando lo elegí al pie del monte, pensé que había encontrado un dulce de lo más simpático por su forma. Ahora sostenía el envoltorio con las dos manos y miraba Sado a lo lejos. Con semejantes vistas alrededor, me apetecía saborear cada bocado sin prisa.

El viento llegó desde el mar y agitó el extremo de mi bufanda de cuadros. La trenca me abrigaba y solo sentía frío en el aire que me rozaba la cara. Dejé atrás los prismáticos junto a la barandilla y miré el paisaje en conjunto: la franja de luz reflejada en el mar se había alargado más que antes.

Me acabé el dulce y guardé el envoltorio, pero no pude volver enseguida al coche. Quería quedarme un poquito más viendo cómo el sol se acercaba al mar. Para una parada otoñal en una carretera de montaña, me quedo con esta tarde: un dulce comprado al pie del monte y las vistas del mar del Japón y de Sado desde lo alto.

Los relatos son obras de ficción inspiradas en este lugar. Para obtener información precisa, consulta los sitios oficiales de turismo y de información.

Imágenes de este lugar1 imágenes

  • Municipio de Yahiko, prefectura de Niigata · Otoño

Especialidad para saborear durante el viaje

Panda-yaki blanco de Bunsuidō Kashihō

La masa, hecha con harina de arroz, es tierna y elástica; lleva un relleno de edamame de la variedad local Yahiko Musume. Yo lo compré al pie del monte y me lo llevé hasta arriba. Me apetece disfrutar del relleno poco dulce y del aroma del edamame mientras contemplo el mar.

Qué ver

El mar del Japón y Sado desde cerca de la cima

Cerca de la cima, tras subir en coche, hay un parque desde el que se divisan la llanura de Echigo y el mar del Japón. Desde el lado del mar, me quedé contemplando con calma la silueta lejana de Sado y la luz del atardecer.

Una especialidad local para saborear con vistas

El panda-yaki blanco es la especialidad de Bunsuidō Kashihō, en Yahiko. Al abrir aquí el envoltorio del dulce que había elegido al pie del monte, me apeteció saborear cada bocado sin prisa.

Datos de la ruta y el paseo

Yahiko Skyline

Subí en coche por la carretera de montaña, rodeada de árboles otoñales, hasta el parque cerca de la cima. Después de aparcar, me acerqué al lado del mar para disfrutar de las vistas.

Primero escogí algo dulce al pie del monte y luego subí por la carretera. Me apetece bajar del coche al llegar arriba y hacer una parada al atardecer para contemplar el mar.