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Ciudad de Nara, prefectura de Nara

Esperar en lo alto a que se enciendan las luces de Nara Una breve ruta en coche al atardecer por el monte Wakakusa en septiembre

Cuando paseo por Nara, me entran ganas de ver desde arriba el lugar en el que estoy. Para llegar al monte Wakakusa, recorro la ruta Shin-Wakakusayama hasta el aparcamiento de la cima y desde allí camino 300 m por el sendero hasta el mirador. Cada vez que vengo, me fijo en algo distinto: los tejados de día, la puesta de sol o las luces de la ciudad. Me divierte decidir, incluso antes del viaje, a qué hora quiero venir.

En primavera, la ruta en coche entre cerezos y las vistas de Nara a plena luz del día; en verano, la puesta de sol tras la montaña; a comienzos del otoño, las luces de la ciudad; en invierno, las montañas lejanas. Elige la estación que más te apetezca y ven conmigo al monte Wakakusa.

Cima del monte Wakakusa a comienzos del otoño. Una joven, con una chaqueta clara y falda, está de pie del lado interior de una barandilla negra y baja y contempla las luces nocturnas de la ciudad de Nara.

OtoñoSeptiembre · del atardecer a la noche

Un respiro junto a la barandilla mientras se encienden las luces

De día recorrí Nara a pie; al caer la tarde, subí al monte Wakakusa para esperar a que fueran apareciendo las luces. El primer día de mi viaje de dos noches por Kansai en septiembre salí de Ariake y llegué a Nara en mi descapotable rojo; hice justo lo que había planeado. Llevaba en el coche los Mikasa que había comprado en la ciudad y tomé la ruta Shin-Wakakusayama. Al empezar la subida, las curvas se sucedían y de pronto tuve que girar el volante mucho más a menudo. Los 3,7 km de ida, entre árboles, fueron alejándome poco a poco del bullicio de las calles.

Al llegar al aparcamiento de la cima, bajé del coche y me dirigí al mirador. El sendero es una rampa de 300 m; eché a andar cuando aún había luz. Notaba el firme bajo las suelas de las zapatillas y me llegaba el olor de la hierba que tenía justo al lado. A la vuelta ya estaría oscuro, pero me habían dicho que por la noche se encienden luces a ras del suelo a lo largo del sendero.

Al llegar a la barandilla, la cuenca de Nara se abrió ante mí. A medida que se oscurecían las montañas lejanas, empecé a distinguir las luces de la ciudad una a una. Con las manos juntas delante de mi chaqueta color crema, me fijé bien en dónde había aparecido la primera luz. Quería tomarla como referencia y seguir el orden en que iban encendiéndose las demás.

Justo después de ponerse el sol, en el cielo aún quedaba algo de luz sobre las montañas. Debajo, la ciudad ya estaba en sombras. Solo por haber venido al atardecer pude ver este instante tan breve, entre el día y la noche.

En la guía de la carretera panorámica Shin-Wakakusayama leí que el mejor momento para disfrutar de la vista nocturna suele ser entre 30 minutos y una hora después de la puesta de sol. También decía que la vista nocturna del monte Wakakusa fue elegida como una de las Nuevas Tres Grandes Vistas Nocturnas de Japón. Alrededor de la luz que había tomado como referencia se fueron encendiendo dos, tres luces más. Cuando dejé de intentar seguirlas, ya no recordaba cuál había sido la primera.

Entre las luces de la ciudad vi varias líneas luminosas que se extendían rectas. ¿Serían los faros de los coches en movimiento? Pensar que quizá alguna conectaba con una de las calles por las que había paseado de día hizo que aquella ciudad, vista desde arriba, de pronto me pareciera mucho más cercana.

Al bajar la mirada, vi un gran tejado entre los árboles. Desde el monte Wakakusa se ve la zona de Nara donde están Tōdai-ji y Kōfuku-ji. Me gusta reconocer desde arriba las calles por las que paseé durante el día. Mientras intentaba adivinar dónde quedaría la esquina que había doblado antes, se hizo de noche.

Quise elegir una foto para mandarle a mi amiga y comparé las que había hecho. Una era de cuando aún se veían pocas luces; la otra, de cuando ya era noche cerrada. Después de dudar un rato, le envié la primera, en la que todavía podía reconocer dónde había aparecido la primera luz.

En los 300 m de vuelta, las luces bajas del sendero me iluminaban el camino. Cada vez que miraba atrás, había más luces en la ciudad. Me detuve tantas veces que el aparcamiento parecía no llegar nunca.

Al volver al aparcamiento, abrí el envoltorio del Mikasa que había comprado. Me terminé el Mikasa, de masa esponjosa y relleno de pasta dulce de judía roja, mientras disfrutaba del aire nocturno de la montaña; luego doblé el envoltorio hasta dejarlo bien pequeño. Elegí una canción para el camino, encendí los faros y, con las dos manos en el volante, bajé hacia la ciudad por la carretera llena de curvas.

Los relatos son obras de ficción inspiradas en este lugar. Para obtener información precisa, consulta los sitios oficiales de turismo y de información.

Imágenes de este lugar4 imágenes

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Especialidades para probar durante el viaje

Dulce Mikasa inspirado en el monte Wakakusa

Tsuruya Tokuman, en Shimomikado-chō, ciudad de Nara, ofrece el Kenjō Mikasa, un dulce inspirado en el monte Wakakusa. Si lo compras en la ciudad antes de subir, tendrás algo dulce que disfrutar al volver de la montaña.

Qué ver

La cuenca de Nara, a la vista desde la cima

Desde los 342 m de altitud del monte Wakakusa se divisan la antigua capital y las montañas lejanas. La vista nocturna de Wakakusa fue elegida como una de las Nuevas Tres Grandes Vistas Nocturnas de Japón. Antes de hacer la foto, recorrí con la mirada, en orden, desde los árboles cercanos hasta las montañas del fondo.

La carretera y el paseo

Del peaje de Shin-Wakakusayama al aparcamiento de la cima

Distancia de ida de la ruta Shin-Wakakusayama
3,7km
Altitud del monte Wakakusa
342m

Recorre 3,7 km de ida hasta el aparcamiento de la cima; desde allí hay que caminar 300 m hasta el mirador.

Los 342 m corresponden a la altitud del monte Wakakusa. El recorrido de ida y vuelta por la carretera panorámica suma 7,4 km y termina de nuevo en el mismo peaje.