Prefectura de Iwate
Jōdogahama Me quedé fascinada mirando el agua que recogí con las manos
En Jōdogahama recogí agua del mar con las dos manos y vi hasta las líneas de mis palmas. La playa que antes solo contemplaba en fotos se convirtió en un lugar que quería recordar entero, hasta el agua que se me escurría entre los dedos.
Lee la historia y descubre qué puedes ver; ven a contemplar este paisaje conmigo.
VeranoUna mañana de agosto
El mar de verano entre mis manos
Llegué a Jōdogahama una mañana de agosto. Después de contemplar las rocas blancas y los pinos que crecían sobre ellas, me acerqué a la orilla. Me subí las mangas del cárdigan ligero y me agaché: incluso se veían con claridad las piedrecitas del fondo, donde el agua era poco profunda. Sentía el mar mucho más cerca que cuando lo miraba desde lejos.
Junté las manos con cuidado y recogí un poco de agua del mar. Quería ver si, al levantarlas, todavía se distinguía bien el agua. Acerqué la cara y vi con nitidez hasta las líneas de mis palmas. Se me escapó un «¡Qué maravilla!».
El agua empezó a escurrirse poco a poco entre mis dedos. Me daba pena devolverla enseguida, así que junté un poco más las manos. Pero, claro, mis manos no son un cuenco. Lo sabía, pero quería seguir mirando el agua un poquito más y me quedé mirando mis manos con atención.
Devolví el agua al mar y esta vez volví a recogerla despacio, como si quisiera comprobar por mí misma que la sorpresa de antes había sido real. Me hacía tan feliz ver mis palmas a través del agua una y otra vez que no podía dejar de sonreír.
Alcé la mirada y vi enfrente la fila de rocas puntiagudas. Había venido a ver las grandes rocas y no esperaba que el agua que recogía con las manos también pudiera sorprenderme tanto. Volví a contemplar sin prisa todo el paisaje de la playa, desde los pinos sobre las rocas hasta el agua a mis pies.
Devolví al mar con cuidado el agua que me quedaba y descansé un rato, todavía agachada. Si algún día cuento lo que recuerdo de Jōdogahama, quiero empezar por el agua que recogí con las dos manos. Cuando vuelva a mirar las fotos, seguro que recordaré el momento en que exclamé al ver lo transparente que era el agua.
Los relatos son obras de ficción inspiradas en este lugar. Para obtener información precisa, consulta los sitios oficiales de turismo y de información.
Especialidades locales
Bin-don de Miyako
Un plato de arroz típico de Miyako: los ingredientes de temporada vienen en una botella de leche y tú misma los viertes sobre el arroz. Después de disfrutar del paisaje de la playa, me gustaría pedirlo. Me hace ilusión pensar que podré servirme el contenido de la botella sobre el arroz.
Qué ver
Las rocas blancas de riolita y la ensenada rodeada de pinos
En Jōdogahama, los pinos crecen sobre las afiladas rocas blancas de riolita. Me agaché junto a la orilla y, al levantar la vista, volví a darme cuenta de la altura de las rocas.
El mar poco profundo, con piedrecitas visibles
El agua cristalina y el suave oleaje son parte del encanto de Jōdogahama. Al mirar el agua que había recogido con las manos, me entraron ganas de comprobarlo otra vez.
Cómo llegar y disfrutar del camino
Del aparcamiento a la playa de Jōdogahama
- Desde la estación de Miyako, en coche
- 10 min
- A pie desde los aparcamientos n.º 1–4
- 15 min
Se llega en coche hasta el aparcamiento de Jōdogahama y, desde allí, se sigue a pie hasta la playa. Cuando llegué a la orilla, me quedé fascinada por lo transparente que era el agua que recogí con las dos manos.
Desde la estación de Miyako, puedes tomar el autobús con destino a Oku-Jōdogahama; tarda 20 min. Al bajar en la parada «Oku-Jōdogahama», la playa está justo al lado. Si te apetece pasar un rato tranquilo allí, esta ruta también está muy bien.
Otros lugares para visitar en coche
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