Kanagawa · ciudad de Isehara
Después de contemplar las hojas rojas, me volví hacia la sala de culto Una mañana de noviembre, rumbo al santuario inferior en el funicular de Ōyama
Empieza por el otoño: contempla las hojas rojas y acompáñame a rezar en el santuario inferior. En primavera, alzo la vista hacia los árboles cubiertos de nuevos brotes y el tejado; en verano, descanso un rato en el recinto, rodeada de un verde intenso. También puedes leer cómo fue mi visita en un día despejado de invierno: solo tienes que elegir esa estación.
Primavera de brotes nuevos, verano de verde intenso, otoño de hojas rojas e invierno de cielos despejados. Elige la estación que más te apetezca y ven a recorrer conmigo el santuario inferior.
PrimaveraEntre abril y mayo, una mañana despejada
Alzar la vista al tejado de la sala de culto ante los árboles recién brotados
Una mañana soleada de abril subí desde el pie de la montaña en el funicular de Ōyama. Salí de la estación Afuri-jinja y seguí a pie hacia el santuario inferior. Al ver la sala de culto al otro lado del camino de piedra, sin darme cuenta fui caminando cada vez más despacio.
Detrás del tejado se extendían los árboles que empezaban a brotar. La luz se colaba entre las hojas; después de mirar la montaña y volver la vista a la sala de culto, se distinguía hasta la curva de los aleros. Había venido por el paisaje primaveral, pero acabé embobada también con la forma del edificio.
Con el móvil bajo en una mano, aflojé el paso y miré el tejado. Seguí con la mirada tanto el tejado que tenía enfrente como el del edificio que continuaba hacia la derecha. Más que pensar qué fotografiar, quería contemplarlo con mis propios ojos.
Después de contemplarlo bien, me volví hacia la sala de culto y recé. Hasta entonces mis ojos habían ido de las hojas al tejado; allí se serenaron. Al recordar el trayecto hasta la montaña, sentí alivio: había sido buena idea tomármelo con calma.
Después de rezar, me apetecía probar el tofu de Ōyama. También se mencionaban brochetas de dango, así que se me sumó otro antojo dulce. Me pregunté si tomaría dango después del tofu y, con solo pensarlo, ya tenía ganas de volver, aunque aún no hubiera probado nada.
Antes de marcharme del recinto, volví a mirar las hojas detrás del tejado. ¿Cómo se verá cuando el follaje esté más espeso? Quise quedarme con la imagen de hoy: las hojas tras el tejado mientras caminaba con el móvil bajo en la mano, para compararla con la del verano.
VeranoJulio-agosto, durante el día y con cielo despejado
Una pausa para beber agua en el santuario inferior, bajo el follaje frondoso
Un día despejado de julio bajé del funicular de Ōyama y me dirigí al santuario inferior. Al llegar caminando desde la estación, vi la montaña cubierta de hojas detrás de la sala de culto. Cuando entré en el recinto y levanté la vista, me impresionó que el bosque llegara hasta justo detrás del edificio.
El verde de la montaña se había vuelto mucho más intenso que cuando vi sus hojas en primavera. Caminé hasta el borde del sendero de piedra, contemplando el tejado de la sala de culto y el del edificio que se superponía a su derecha. Había zonas soleadas y otras a la sombra; decidí descansar allí un rato.
Me llevé a los labios una botella pequeña de agua y bebí un sorbo. Al notar que el agua me sentaba bien después de la caminata, se me relajaron los hombros sin querer. Me quedé contemplando el santuario inferior y, en vez de apresurarme hacia el siguiente sitio, me entraron ganas de quedarme un poquito más.
Bajé la botella y, tras recuperar el aliento, me volví hacia la sala de culto para rezar. Antes de descansar me había fijado en el tamaño del tejado; ahora podía mirar con calma también los espacios entre las columnas y los escalones de piedra. Con una pausa tan corta, hasta cambió mi manera de contemplar el paisaje.
Para comer después de la visita, me tentaba el hiyayakko (tofu frío) de Ōyama. Vi que lo recomendaban para los meses de calor y había venido con ganas de probarlo. Beber agua ya me había sentado bien, y pensar también en el tofu frío me abrió aún más el apetito.
Antes de irme, contemplé a la vez la montaña cubierta de hojas y la sala de culto. Al llegar quería verlo todo, pero hoy lo que más disfruté fue parar un momento a beber agua. La próxima vez que venga a la montaña, también quiero hacer una pausa así entre una parada y otra.
OtoñoUna mañana despejada de noviembre, entre las hojas otoñales
Contemplar las hojas otoñales del recinto y rezar en el santuario inferior
Una mañana soleada de noviembre fui al santuario inferior en el funicular de Ōyama. Al bajar, caminé sintiendo en la cara el aire de la montaña; al otro lado del camino de piedra apareció la sala de culto de columnas rojas.
A ambos lados del tejado se extendían las hojas otoñales y, detrás, se veían los árboles de la montaña. Levantaba la vista hacia las hojas y luego las contemplaba junto con el tejado. Me detuve varias veces de camino a la sala de culto. Ya antes de acercarme, sabía qué paisaje quería ver allí.
Me volví hacia la sala de culto y junté las manos. Hasta hacía un momento había seguido las hojas con la mirada, pero al rezar quería concentrarme en silencio. Pensé en la subida a la montaña y en que había podido pasear por allí ese día. No se me ocurrió nada grandilocuente; simplemente me alegré de haber venido.
Después de rezar, bajé la mirada hacia el suelo. También había hojas caídas sobre el camino de piedra: abajo, el otoño se veía distinto al de hacía un momento, cuando miraba hacia arriba. Los huecos entre las columnas, el borde del tejado, los árboles de alrededor… Al volver a mirarlos uno por uno, sentí que observaba el paisaje con más calma que antes de rezar. Cambié un poco de sitio y seguí paseando por el recinto.
Después de mi paseo de la mañana, también me apetecía probar el tofu de Ōyama. Para los meses fríos se menciona el yudofu, así que parecía una buena opción para la comida de hoy. Miré por última vez las hojas del recinto y emprendí el camino de vuelta. La subida a la montaña, el rato de oración y la próxima comida: me dieron ganas de seguir disfrutando de aquel día de otoño después de la visita.
InviernoEnero-febrero, con cielo despejado y durante el día
Hacer una reverencia en el camino de piedra, bajo el cielo despejado de invierno
Un día despejado de enero, dejé el coche al pie de la montaña y llegué al santuario inferior en el funicular de Ōyama y a pie. El aire frío me rozaba las mejillas; me alegré de haberme puesto la bufanda. Al salir al camino de piedra, vi el cielo despejado sobre el tejado de la sala de culto.
Detrás del tejado se superponían las ramas desnudas y los árboles que conservaban sus hojas durante el invierno. Donde había menos hojas, me pareció curioso poder ver incluso entre las ramas. Pasé la mirada de la sala de culto al edificio de la derecha y seguí despacio el contorno del tejado contra el cielo.
Antes de volverme hacia la sala de culto, me quité los guantes y los junté en una mano. Con el móvil también bajo, coloqué los pies juntos en el centro del camino de piedra e hice una leve reverencia. Al bajar la cabeza después de haber mirado el tejado, sentí que algo en mí se serenaba.
Cuando levanté la cabeza, recé. También noté que se me relajaban los hombros, algo encogidos por el frío. Me alegró haber podido disfrutar con calma del rato de subida, sin apresurarme a volver.
Al terminar de rezar, me apetecía comer algo caliente. Para los meses fríos se recomienda el yudofu de Ōyama. Había venido con ganas de probarlo y pensé que sería perfecto después de la visita invernal; cada vez tenía más ganas de comer.
Me volví a poner los guantes y emprendí el camino de vuelta. Al mirar atrás, todavía veía el tejado recortado contra el cielo. Quiero volver cuando a esas ramas les salgan hojas nuevas. Me hacía ilusión comparar el paisaje que había visto tras la reverencia invernal con el del santuario inferior en primavera.
Los relatos son obras de ficción inspiradas en este lugar. Para obtener información precisa, consulta los sitios oficiales de turismo y de información.
Imágenes de este lugar4 imágenes
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Qué probar durante la visita
Tofu de Ōyama
En el monte Ōyama puedes probar platos locales de tofu. En los lugares de descanso cerca del santuario inferior también se menciona el yudofu para los meses fríos. A mí me apetecía probarlo después de contemplar las hojas y rezar.
Qué ver
Contemplar a la vez las hojas de otoño y la sala de culto
El monte Ōyama es un lugar ideal para disfrutar de las hojas otoñales. En el santuario inferior puedes admirar las hojas alrededor del edificio principal antes de rezar. Yo paseé contemplando cómo se superponían al tejado, antes y después de la visita.
Un funicular que sube hasta media montaña
El trayecto entre la estación del funicular de Ōyama y la estación Afuri-jinja dura unos 6 minutos. Desde allí puedes continuar hasta el santuario inferior. Al llegar arriba, recorre el recinto y disfruta del aire de la montaña.
Funicular al santuario inferior
Estación del funicular de Ōyama–estación Afuri-jinja
- Longitud de la vía
- unos 800 m
- Desnivel entre las estaciones de inicio y final
- unos 280 m
Tramo del funicular que sube por la ladera. En unos 6 minutos se llega a la estación Afuri-jinja; durante el trayecto puedes disfrutar de la subida hacia el santuario inferior.
Los 800 m y 280 m corresponden, respectivamente, a la longitud de la línea del funicular y al desnivel entre estaciones. Yo bajé del coche al pie de la montaña y llegué al santuario inferior en funicular y a pie.
Otros lugares para visitar en coche
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Mapas y fuentes de referencia
Información turística oficial
- Turismo de Kanagawa NOW | Santuario de Ōyama Afuri Jinja (se abre en una pestaña nueva)
- Santuario de Ōyama Afuri Jinja | Guía del recinto (se abre en una pestaña nueva)
- Turismo de Kanagawa NOW | Hojas otoñales del monte Ōyama (se abre en una pestaña nueva)
- Guía de la zona de Tanzawa y Ōyama | Disfrutar del monte Ōyama (se abre en una pestaña nueva)
- Santuario de Ōyama Afuri Jinja | Naturaleza del monte Ōyama (se abre en una pestaña nueva)