Tōhoku y Aomori
Arroyo Oirase Mucho que ver en el camino hacia la cascada
Me incliné sobre el musgo de una roca en el sendero a la sombra de los árboles y escuché el murmullo del agua. En aquel viaje de comienzos del verano, la gran cascada no fue lo único que me cautivó.
Fue un paseo de comienzos del verano: me agaché a mirar el musgo y avancé escuchando el agua. Aún recuerdo con claridad el tiempo que pasé caminando sin prisa, sin apurarme para llegar a mi destino.
VeranoEl verdor de junio
En el camino hacia la cascada, el musgo me hizo parar
Al bajar del coche y empezar a caminar junto al arroyo, oí el sonido del agua entre los árboles. Tenía muchas ganas de ver una gran cascada, pero también había agua corriendo justo al lado del sendero. Al ver cómo se abría paso entre las rocas, hasta mi ritmo al caminar se volvió más lento.
Sobre aquella roca había algo que parecía mullido. Pensé que sería una hoja, pero al acercarme vi que la roca estaba cubierta de musgo. Apoyé las manos en las rodillas y acerqué la cara; así pude ver cómo se superponían las pequeñas hojas. Desde lejos no parecía en absoluto lo mismo.
Le había dicho a mi amiga que iba a ver el arroyo y la cascada. Si supiera cuánto rato me quedé mirando el musgo, igual se reía y me decía: «Ya te has vuelto a entretener por el camino». Pero, al pensar que solo lo había descubierto porque iba caminando, no me apetecía apartarme todavía.
Un poco más adelante, cambiaron tanto la velocidad de la corriente como su sonido. En algunos tramos, el agua se estrechaba entre las rocas; en otros, se abría y fluía con más calma. De tanto seguirla con la mirada, comprendí que no fluía siempre del mismo modo.
Caminé por el sendero a la sombra de los árboles y volví a detenerme ante una roca que me llamó la atención. Al principio solo veía el sendero como una forma de llegar a la cascada; no imaginaba que encontraría tantas cosas que me apetecía ver por el camino. Me alegro de no haberme puesto prisa. Hice bien en dedicar el día a caminar.
Cuando emprendí el regreso, no solo recordaba la magnitud de la cascada, sino también aquel pequeño tapiz de musgo. ¿Seré capaz de encontrar la misma roca la próxima vez que venga? Me di cuenta de que también quería contarle a mi amiga estas pequeñas cosas, no solo hablarle de los paisajes más conocidos.
Los relatos son obras de ficción inspiradas en este lugar. Para obtener información precisa, consulta los sitios oficiales de turismo y de información.
Especialidad local
Barayaki de Towada
En el centro de Towada también se puede disfrutar del barayaki. Mientras pensaba en la comida después del paseo junto al arroyo, me entraron ganas de seguir recorriendo Towada un poco más.
Qué ver
Un sendero junto al arroyo
Puedes disfrutar del arroyo Oirase desde el sendero que sigue su curso. Al ver cómo el agua esquivaba las rocas, hasta mi paso se volvió más lento.
El bosque de comienzos de verano y el musgo de las rocas
Los árboles que brotaron en primavera llegan al verano con el follaje frondoso. Me gusta admirar el paisaje en su conjunto, pero también me quedé fascinada observando un pequeño tapiz de musgo sobre una roca.
Caminos para recorrer en coche y a pie
Camino junto al arroyo Oirase
- Recorrido en coche
- Ruta Nacional 102 (carretera de Towada)
- Recorrido a pie
- Sendero junto al arroyo
Puedes recorrer en coche la carretera de Towada y luego caminar por el sendero junto al arroyo. Yo quería fijarme hasta en el musgo de las rocas y así descubrí que también me encantan los viajes a pie.
Según la guía del Ministerio de Medio Ambiente, se puede recorrer la zona en coche por la Ruta Nacional 102 y a pie por el sendero que bordea el arroyo. En el mapa puedes seguir el curso del agua y elegir el tramo que te apetezca caminar.
Otros lugares para visitar en coche
Si te gustó este artículo, quizá también te apetezca conocer estos lugares. A todos he vuelto varias veces, en distintas épocas del año.