Ciudad de Setouchi, prefectura de Okayama
Una parada en coche en el área de descanso Michi-no-Eki Ipponmatsu Tenbōen El aroma del melocotón blanco y las islas del mar Interior de Seto
Una tarde soleada de finales de julio salí a la explanada y vi el mar y las islas al otro lado de los árboles. Me acerqué el melocotón blanco que había traído a la nariz; con aquel aroma dulce, se me dibujó una sonrisa. Tenía ganas de probarlo, pero quería quedarme un poco más mirando el mar.
Las tardes de verano invitan a hacer una pausa y contemplar las islas del mar Interior de Seto. Yo llevé un melocotón blanco de Okayama, disfruté de su aroma en la explanada y después lo saboreé sin prisa en un banco.
VeranoUna tarde de finales de julio
Un bocado de melocotón blanco frente al mar
Aquella tarde de finales de julio recorrí la carretera Okayama Blue Line e hice una parada en el área de descanso Michi-no-Eki Ipponmatsu Tenbōen. Al volante, con la vista en la carretera, ya me hacía ilusión comer el melocotón blanco que llevaba cuando parara a descansar. Dejé el coche en el aparcamiento y salí a la explanada; detrás de los árboles asomaban el mar y las islas. Tenía hambre, o eso creía, pero me quedé parada antes siquiera de sacar el melocotón.
Desde delante de la valla negra se veía el mar más allá de una islita, y al fondo se alargaba la silueta de otra isla. Me cautivó ver unas islas detrás de otras, no solo la inmensidad del mar. Mi amiga señaló el banco junto al telescopio y dijo: «Vamos a descansar aquí». Asentí, pero al acercarme al banco volví a mirar hacia el mar.
Sostuve entre las manos el melocotón blanco que había traído y me lo acerqué a la nariz. Despedía un aroma dulce que me hizo sonreír antes de probarlo. La brisa me rozaba los hombros; ya no hacía tanto calor como un rato antes. Aparté la vista del melocotón y miré el mar; quise guardar también aquel aroma en la memoria, junto con el paisaje.
«¿Todavía no te lo vas a comer?», me preguntó mi amiga. «Quiero, pero me apetece disfrutar un poco más del aroma», le contesté. Me hacía gracia haber estado deseando probarlo todo el camino y que justo ahora, a punto de darle un mordisco, me hubiera quedado parada. Mi amiga se sentó primero en el banco y dijo entre risas: «Pues yo voy a descansar ya». Con el melocotón en las manos, volví a mirar la islita y me senté a su lado.
Pelé el melocotón sobre el recipiente que había traído y por fin le di un bocado. El jugo de la pulpa tierna me llenó la boca y esta vez me olvidé por completo del mar. «Qué bien que lo traje», dije; mi amiga se rio: «Si llevabas todo el camino esperando a probarlo». El aroma por sí solo ya me hacía feliz, pero al probarlo me entraron ganas de dar otro bocado enseguida. Me dio un poco de pena acabarlo, así que saboreé el último después de mirar el mar.
Ni siquiera después de terminar pude levantarme enseguida. Más allá del banco se extendía el mar, y, mientras seguía con la mirada el perfil de las islas, volvió a soplar el viento. De camino al coche, mi amiga me preguntó: «¿La próxima vez traemos un melocotón más?». Le contesté al instante: «La próxima vez también quiero comérmelo aquí». La próxima vez que pare a descansar en la carretera Okayama Blue Line, quiero volver a esta explanada. Al volver al coche y sujetar el volante, recordé aquel rato comiendo un melocotón blanco frente al mar y sonreí.
Los relatos son obras de ficción inspiradas en este lugar. Para obtener información precisa, consulta los sitios oficiales de turismo y de información.
Especialidad local
Melocotón blanco de Okayama
Cuando se habla de los melocotones de Okayama, enseguida vienen a la mente los blancos. Cada melocotón se cultiva cubierto con su propia bolsa, y así adquiere esa piel blanca. Me acerqué a la nariz el melocotón blanco que había traído y después lo probé. El jugo de su pulpa tierna me llenó la boca y ya no podía esperar para darle otro bocado.
Qué ver
Una explanada panorámica con vistas a las islas del mar Interior de Seto
Junto a la carretera Okayama Blue Line hay un mirador desde el que contemplar las islas del mar Interior de Seto. Cuando salí a la explanada y vi que detrás de la islita seguían el mar y más islas, me detuve antes de sacar el melocotón.
Una pausa de verano con melocotón blanco
Me traje un melocotón blanco de Okayama y disfruté de su aroma en la explanada. Al sostenerlo entre las manos y ver el mar al fondo, quise detenerme a disfrutar de su aroma antes de probarlo. Y todavía recuerdo aquel bocado en el banco junto con aquella vista.
Datos de la ruta
Carretera Okayama Blue Line
El área de descanso Michi-no-Eki Ipponmatsu Tenbōen está junto a la carretera Okayama Blue Line. Aparqué y contemplé las islas del mar Interior de Seto desde la explanada. Saber que vería aquel mar durante el trayecto hizo que hasta la pausa me hiciera ilusión.
La carretera Okayama Blue Line se inauguró en 1974 y, desde 2004, se puede recorrer entera sin peaje. Después de contemplar el mar en el área de descanso Michi-no-Eki Ipponmatsu Tenbōen, me entraron ganas de volver a recorrerla para parar aquí otra vez. La próxima vez quiero llevar otro melocotón blanco y descansar en aquella explanada.
Otros lugares para visitar en coche
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Mapas y fuentes de referencia
Fuentes oficiales consultadas
- Okayama Tourism WEB (Michi-no-Eki Ipponmatsu Tenbōen) (se abre en una pestaña nueva)
- Okayama Tourism WEB (Experiencia de recolección de melocotones en el reino frutal de Okayama) (se abre en una pestaña nueva)
- Okayama Tourism WEB (Mar tranquilo con balsas de ostras y el Egeo japonés) (se abre en una pestaña nueva)