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Prefecturas de Ehime y Kōchi

Karst de Shikoku El viento de la meseta me hizo tararear sin darme cuenta

Una carretera entre praderas, rocas de caliza y vacas pastando. En verano, en el karst de Shikoku, me descubrí tarareando sin haberme propuesto cantar.

Te cuento cómo fue conducir por la meseta en verano y qué puedes descubrir entre sus praderas y rocas calizas. Sigue leyendo y acompáñame por una carretera donde se siente la brisa.

La protagonista conduce un descapotable rojo por una curva entre rocas calizas y pastizales en el karst de Shikoku, en verano. Lleva las dos manos en el volante y mira al frente.

Veranoagosto

¿Me habrán oído tararear las vacas?

A medida que subía por la carretera de montaña, la brisa que entraba en el coche me resultaba cada vez más agradable. Yo llevaba la vista al frente y las dos manos en el volante. El camino serpenteaba entre los pastizales; costaba creer que hacía un momento aún estuviera rodeada de árboles. Ya me hacía ilusión seguir conduciendo por allí.

El paisaje del karst de Shikoku no era solo una inmensa extensión de pastizales. Entre la hierba asomaban rocas calizas, y me sorprendió encontrar un lugar así en lo alto de la montaña. Fui avanzando mientras comprobaba cómo seguía la carretera tras cada curva. Me encantó ver que la carretera y los pastizales se extendían juntos a lo lejos.

Al sentir la brisa, se me escapó un tarareo bajito. No me había puesto a cantar, pero, cuando me di cuenta, ya seguía con la melodía. Sin dejar de mirar al frente ni de sujetar el volante, me reí un poco. Cuando empiezo a tararear sin darme cuenta, aunque me proponga parar, siempre se me escapa la nota siguiente.

También había vacas pastando, y la escena tenía una calma especial. ¿Habrán oído mi tarareo? De pronto me dio vergüenza y bajé un poco la voz. Seguramente ni se fijaron, pero ahí estaba yo, avergonzándome sola.

Después fui moviendo el volante despacio, al ritmo de las curvas. Cuando se me acababa el tarareo, empezaba a oír mejor el viento. Era igual de agradable ir canturreando que conducir en silencio. Se me llenó el pecho de emoción al darme cuenta de que había llegado a un sitio donde no hacía falta nada más para disfrutar.

Al alejarme de la meseta, la sensación de aquella brisa tardó mucho en desaparecer. Cada vez que la recuerdo, casi vuelvo a tararear aquella melodía. En el karst de Shikoku, sentí que no solo me gustaba el paisaje: también me gustaba la persona que era al volante. Es una carretera a la que quiero volver en verano.

Los relatos son obras de ficción inspiradas en este lugar. Para obtener información precisa, consulta los sitios oficiales de turismo y de información.

Imágenes de este lugar1 imágenes

  • Prefecturas de Ehime y Kōchi · Verano

Especialidades y algo rico para probar

Helado de leche de la meseta

En mo-momo-, el food truck del karst de Shikoku, sirven helado de leche. A mí también me tienta algo dulce después de conducir por la meseta. Con un paseo tan agradable que me sale tararear, hasta parar un rato tiene su encanto.

Qué ver

Rocas calizas que asoman entre los pastizales

El karst de Shikoku es una meseta que se extiende por la frontera entre las prefecturas de Ehime y Kōchi. Los prados están salpicados de rocas blancas de caliza, y allí pastan las vacas. Me sorprendió encontrar un paisaje así en lo alto de la montaña. La brisa era una delicia, y me enamoré de recorrerlo al volante.

La ruta que cruza la meseta de punta a punta

La ruta que atraviesa el karst de Shikoku va desde Tengu Kōgen, en el este, pasa por Mezurudaira y sigue hasta Ōnogahara, en el oeste. Es una carretera para disfrutar del paisaje de la meseta al volante. Me hacía feliz seguir cada curva con la vista al frente y las manos en el volante.

Carreteras y cómo llegar

Cómo llegar al karst de Shikoku

Extensión de la meseta
Aprox. 25 km de este a oeste
Altitud
1.000m〜1.500m

La información general del karst de Shikoku señala que desde el Ayuntamiento de Kumakōgen-chō se llega en coche en 1 hora y 20 minutos. Cuando subí hacia la montaña y aparecieron los pastizales, me di cuenta de que hasta el camino para llegar me había dejado un buen recuerdo.

Puedes abrir el karst de Shikoku en el mapa de abajo. Al recordar aquella carretera de la meseta, casi me pongo a tararear otra vez.