Hokkaidō, Hokuryū-chō
Paseo por Hokuryū-chō Himawari no Sato La inmensidad del campo y un bocado de helado de girasol
Hokuryū-chō Himawari no Sato es un lugar para visitar en coche entre mediados de julio y finales de agosto, cuando florecen los girasoles. En sus 23 ha crecen 2 millones de girasoles, y puedes contemplar toda su extensión desde el mirador o recorrer el laberinto de girasoles. Yo fui a principios de agosto. Primero probé el helado de girasol y después me acerqué a las flores.
Un bocado de helado de girasol en la entrada del campo. Debajo de la foto sigue el relato de mi viaje por aquí.
VeranoA principios de agosto
Un bocado de helado de girasol en la entrada del campo
Los campos de girasoles son enormes incluso vistos desde la entrada. Eso fue lo primero que pensé al salir al camino pavimentado, a principios de agosto, en Hokuryū-chō. Más allá del césped, las flores se extendían a lo ancho hasta donde alcanzaba la vista. Ni intentando hacer una foto conseguía encuadrar el campo entero. Bajé la cámara y levanté la vista: el cielo sobre el campo también parecía inmenso, y aspiré hondo sin darme cuenta.
Antes de acercarme a las flores, me compré un helado de girasol. Ya que había venido hasta aquí, quería saborearlo mientras contemplaba el paisaje. Me alisé un poco el bajo del vestido de estampado floral y le di un bocado en el camino de la entrada. Con el primer bocado, bajo el sol, sentí cómo se me relajaban hasta los hombros. El campo me esperaba, pero en ese momento también quería saborear ese bocado con calma.
Mientras me comía el helado, miré las flores a lo lejos. Parecían alineadas a la misma altura, pero cada una miraba un poquito en una dirección distinta. Me pregunté si de cerca se distinguirían aún mejor. Guardé el envoltorio del cucurucho vacío y eché a andar por el sendero que se alejaba en diagonal. Me encantó ver cómo, a medida que avanzaba, aquella franja de flores que acababa de contemplar se convertía en girasoles, uno por uno.
El campo tiene un mirador y también un laberinto hecho de girasoles. Seguro que verlas desde el mirador no tiene nada que ver con meterse entre ellas. Pensé en contemplar primero toda la extensión y luego ir al laberinto. La entrada ya me había dejado sin palabras, y aun así quería acercarme más. Antes de venir, no imaginaba que solo con flores pudiera disfrutar de un día entero.
En 1980 comenzó en Hokuryū-chō una iniciativa para que cada hogar plantara girasoles. En 1987 se celebró el primer festival de los girasoles, y en 1989 nació este lugar. Vine pensando que solo era un sitio con un montón de flores bonitas, pero este paisaje también es fruto de tantos años de trabajo de todo el pueblo. Mientras miraba más allá de las flores, se me llenó el pecho de emoción.
Antes de irme, volví una vez más al camino de la entrada. Al llegar, el campo me parecía lejano; ahora veía en él los lugares por los que había caminado. Hasta recordé el frescor del helado y se me dibujó una sonrisa sin darme cuenta. Una foto puede guardar la inmensidad del paisaje, pero solo por venir hasta aquí he podido vivir lo que se siente al caminar junto a las flores. La próxima vez también quiero dedicar el día a disfrutar de las flores y de algo rico.
Los relatos son obras de ficción inspiradas en este lugar. Para obtener información precisa, consulta los sitios oficiales de turismo y de información.
Algo rico para probar durante el viaje
Helado de girasol
Durante el festival de los girasoles se puede probar el helado de girasol. Yo le di un bocado en la entrada mientras contemplaba el campo. La alegría de tomar algo frío en un día caluroso se mezcló con la de haber venido al campo de girasoles, y me dieron ganas de dar otro bocado enseguida.
Qué ver
Los girasoles que cultiva todo el pueblo
En 1980 comenzó una iniciativa para plantar girasoles en cada hogar; en 1987 se celebró el primer festival de los girasoles y, en 1989, nació este lugar. Al conocer la historia de ese esfuerzo colectivo, el campo se me quedó aún más grabado.
Desde el mirador y entre las flores
En el campo hay un mirador y un laberinto de girasoles. El centro turístico también ofrece opciones para comer y comprar recuerdos. Yo probé el helado en la entrada antes de echar a andar, y cuanto más me acercaba a las flores, menos ganas tenía de volver.
Datos de la ruta
Ruta Nacional 275
Hokuryū-chō Himawari no Sato nació en terrenos agrícolas junto a la Ruta Nacional 275. Al bajar del coche y plantarme en el camino de la entrada, pude abarcar de un vistazo todo el campo y se me dibujó una sonrisa de pura alegría por haber venido.
Dejé el coche y fui andando desde la entrada pavimentada hasta el campo. También quiero que ese paseo para acercarme a los girasoles forme parte de lo que disfruto cuando viajo en coche.
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