Fukui, Mihama–Wakasa
Mikata-goko Un bocado de helado azul frente al lago
Después de conducir por la carretera de montaña, toca contemplar los lagos desde el parque de la cima. Lee sobre aquella tarde de otoño en la que me paré con un helado azul en la mano.
En otoño, toca hacer una pausa y contemplar los árboles de la montaña y los lagos. Iba a comerme el helado azul, pero acabé comparándolo con el lago antes de probarlo.
OtoñoPrincipios de noviembre
Compara el helado con el lago antes de dar el primer bocado
Llegué al aparcamiento después de recorrer la carretera de montaña de Rainbow Line. Hasta hacía un momento había conducido atenta a las curvas; ahora tocaba contemplar el paisaje. Dejé el coche y subí al parque de la cima. Entre las montañas se extendían los lagos. Después de conducir por aquella carretera, me esperaba una vista así.
Llegué al mirador y me quedé contemplando los lagos a mis pies. Al recorrer con la mirada la orilla, distinguía los puntos donde las montañas se adentraban en el agua y cómo esta continuaba hacia el otro lado. Con los árboles de otoño en primer plano, sentía también lo lejos que quedaban los lagos. Antes de sacar una foto, quería quedarme mirando un poco más.
Cuando volví con el helado azul, me llamó la atención su color. ¿Se parecía al del lago? Lo levanté junto a la cara y cerré un ojo para compararlos. No hacía más que alternar la mirada entre el helado y el paisaje; tenía más ganas de compararlos que de probarlo. Había comprado algo dulce y todavía no había dado ni un bocado.
Si mi amiga hubiera estado allí, seguro que me habría dicho que ya era hora de comprobar a qué sabía el helado. Sí, tenía razón. Abrí el ojo y por fin le di un bocado. Mientras saboreaba el helado frío con la vista puesta en el lago, sentí cómo se me aflojaban los hombros, aún tensos después de conducir.
Volví a mirar el lago, más allá del helado. La vista era un poco distinta a la de antes del primer bocado. Seguía el perfil de las montañas y miraba hacia el fondo del lago, sin decidir qué mirar después. Hasta daba bocados más despacio de lo habitual.
Después de terminarme el helado, seguí contemplando los lagos un rato más. Me gusta recorrer la carretera de montaña tanto como contemplar el paisaje desde arriba. Me alegra haber disfrutado hoy de ambas cosas. Cuando le enseñe las fotos a mi amiga, también le contaré por qué cerraba un ojo. Seguro que acabaré hablando un buen rato no solo del paisaje, sino también del helado azul.
Los relatos son obras de ficción inspiradas en este lugar. Para obtener información precisa, consulta los sitios oficiales de turismo y de información.
Especialidad local
Helado azul
El helado azul tiene un sabor dulce con un toque salado. En la tienda del parque de la cima lo presentan como una especialidad local. Antes de probarlo, lo levanté junto a la cara para compararlo con el lago. Disfrutar de las vistas antes del primer bocado también formó parte del viaje.
Qué ver
Los cinco lagos de Mikata desde la cima
El humedal de los cinco lagos de Mikata está inscrito en la Convención de Ramsar desde noviembre de 2005. Desde el parque de la cima contemplaba los lagos y la bahía de Wakasa; seguí con la mirada el contorno de sus orillas y me quedé allí más tiempo del que pensaba.
La terraza Wakasa, de dos plantas
Desde la terraza Wakasa se ven el lago Mikata, el lago Suigetsu y el lago Suga, además de la península de Tango y la bahía de Wakasa en la distancia. Al llevar la vista de los árboles cercanos hasta el horizonte, cada vez encontraba algo más que quería contemplar.
Datos de la ruta
Carretera prefectural de Mikata-goko Rainbow Line
- Longitud de la carretera de montaña
- 11,4 km en total
- Cómo llegar al parque de la cima
- Desde el aparcamiento, se llega al parque de la cima en telesilla o en funicular
La ruta recorre la montaña desde el acceso de Hiruga hasta el de Umiyama. Dejé el coche en el aparcamiento y subí al parque de la cima; allí disfruté sin prisa de las vistas de los lagos.
En la web oficial de Rainbow Line, más abajo, puedes consultar cómo llegar al parque de la cima. Incluye en tu viaje tanto el trayecto en coche como el rato para contemplar el paisaje desde la terraza.
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